Archivo de la etiqueta: Política

Tocando los peñones

Yo flipo, pero flipo pepinillos. Pues no va la elementa y me dice que vaya periodista, que no hablo del tema de Gibraltar y luego se pone a darme la barrila sobre temas de actualidad y lecciones de Historia, torticeras y sesgadas hasta en tiempos previos a 1975. Tonta. Del chichi.

Vamos a ver: si algo de bueno tiene “El último derecho” es que hablo de lo que quiero cuando a mí me apetece. No ejerzo en él de periodista, sino de escritor. No obligo a nadie a leerlo, de modo que, quien viene exigiendo que se trate uno u otro tema, queda amablemente invitado a irse a tomar… unas cañas. Con un pincho de morcilla.

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Lobos sin sed de sangre

Supongo que es porque nos hemos encontrados dos perros viejos, dos lobos hartos del olor de la sangre. Dos sabios por viejos que no por diablos, aunque él confiesa cuarenta y yo tres menos, no te creas. Sin embargo, algo me dice que hace veinte años, dos personas tan diametralmente opuestas hubieran acabado por palparse el hígado –hablo, al menos por mí-.

El caso es que otro de los indicadores de que uno se hace mayor, o viejo, según se mire, es que invierte los términos de la canción de Loquillo y prefiere discutir a pelear. No nos equivoquemos: el padre de Mi Comandanta Favorita es también fascista y hace muchos años que mantenía mis charlas con él… pero es otra cosa, no sé si me explico.

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The bright side of life (fifú-fifú-fifufifufifú)

Entre que los calores no me hacen bien a la salud –ya es oficial, dicho por el neurólogo-, que para ingresar un sueldo medio presentable tengo que trabajar doce horas al día y que no me ha apetecido en exceso patalear, llevo unos días sin dejarme caer por aquí. Mil perdones.

¿Que por qué he vuelto? Pues porque esta noche está un poquito más fresca, porque hoy me he tomado el trabajo con un poquito más de calma y porque el día que deje de patalear será porque la esclerosis múltiple se me haya llevado las piernas o porque me haya mordido la lengua y fallecido de envenenamiento.

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Cargos y cargas

Será casualidad, pero es que, mientras me documentaba para el trabajo, me he topado con una cantidad ingente de escritos sobre la (puñetera) crisis económica, buscase lo que buscase: Si quería saber sobre horóscopo, tarot y similares para enviarlo a wuoreweb.com, hala, una brujita rubia y guapa diciéndote que, por cien euros, hace mejorar las cuentas (¿las tuyas  las suyas?).

Luego, de otro lado, buscando qué libros podemos regalar este verano para contarlo en ideasregalos.es, me topo con que este verano los nenes que han tenido buenas notas en lugar de ganarse el Vespino han recibido la enhorabuena y una palmadita en la espalda. Y no quieres saber qué he leído buscando una tienda online de artículos de lujo.

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Es lo que queda…

Es que si me callo, reviento. Y con tanto ácido como llevo dentro, un reventón mío podría ser peligrosísimo. El caso es que estoy hasta más allá de donde mi anatomía toca a su epicentro y tengo sacarlo o llorar. O las dos cosas, como sucede en estos momentos.

Es una sensación, un sentimiento, que va más allá de la rabia. Se trata de la impotencia de ver como familias con niños de apenas cinco o seis años se quedan en la calle mientras los banqueros que, por su mala gestión, han provocado esto, reciben indemnizaciones millonarias y retiros dorados.

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